Con la cuenta regresiva hacia el año nuevo empezamos a escuchar a todo el mundo despedirse con frases como:
-«Si no nos vemos, felicidades, feliz año nuevo, felices fiestas». Todas lindas frases que expresan buenos deseos.
Pero muchas veces la llegada de este tiempo, que implica alguna clase de festejo, no se condice con la situación que estamos viviendo. Por ahí estamos pasando por algún dolor, alguna pérdida, sentimiento de contradicción o quizás nos sentimos solos.
Estas dificultades se incrementan y multiplican frente a la obligación que supone tener que festejar cuando no sentimos hacerlo.

No puedo festejar nada y la obligación de hacerlo me expone más aún frente a lo que siento. Por otro lado, para muchos, el tener que cumplir con la tradición del encuentro familiar significa más incomodidad que satisfacción.
Lo correcto que suena la frase:
-«Que la pasen lindo en familia» puede llegar a ser una fuerte contradicción. Se supone que la familia es el lugar de mayor amor, conexión, esperanza y alegría… pero no siempre éste es el caso.

Las personas que tenemos más cerca pueden ser las que más satisfacciones nos regalan pero a la vez las que más pueden lastimarnos.
El tiempo de las fiestas nos obliga a frenar y por más bueno que ésto parezca muchas veces preferimos seguir corriendo para no tener que evaluar, pensar y analizar que nos pasa, hacia donde vamos y que queremos.
Entonces por ahí, encontramos sentido al salir a comprar y gastar desesperadamente, llenarnos de comida como si eso fuera una manera simbólica de llenar el vacío que sentimos dentro.

La pérdida de un año, por otro lado, significa que tenemos que dejar ir algunas cosas que vivimos, algunas personas que queremos, ver el crecimiento de nuestros hijos, el paso del tiempo. Es por eso que antes de poder mirar con esperanza lo que se viene tenemos que lidiar con lo que vivimos y ya no va a volver. Nos cuesta a todos y es por eso que este tiempo es una mezcla de sensaciones.

A mi me gusta mucho un verso de la Biblia que dice que: «Dios amó tanto al mundo que dió…
dió a su hijo para que todo el que crea tenga vida eterna.»

En Navidad justamente recordamos que Dios dió a su hijo.
El que amó, dió.
No hay otra forma de mostrar una emoción que no sea a través de una acción. No podemos expresar lo que sentimos si no lo actuamos. Cuando damos, dejamos de centrarnos en lo nuestro y empezamos a ver que quizás al lado mio hay alguien que está necesitando mi atención.

Te propongo que en este tiempo no te centres tanto en tu tema. Mirá y escucha al que tenés al lado. Dejá de creer que lo tuyo es único y que a los démas no les pasa nada. Quizás así puedas encontrarte con el sentido de este tiempo, quizás cuando bajes unos cambios y veas todo lo que Dios te dió puedas agradecer y disfrutar a pesar de todo.

Espero que te pueda ser útil,

Te mando un abrazo grande.

Lic. Mariano Calabretta.
MN 55658