Me toca cargar nafta casi todas las semanas y por lo general llego siempre con la cantidad justa. Tengo cerca de casa una estación de servicio por la que paso ya que es la que me queda más cerca.

Con el tiempo fui conociendo a todos los playeros que trabajan en ella.

Uno de los muchachos que atiende siempre se lo percibe molesto por alguna razón. Postura erguida, cabeza en alto, mirada perdida, tono elevado y cortante.
-¿Super o V power? Fuerte y seco.
-Super. Le digo.
-¿Lleno? contesta rápido.
-No, ponele $1000.
-¿Efectivo o tarjeta?
-Tarjeta.
Más o menos es la charla habitual que tengo con él cada vez que nos cruzamos.

Con todos los demás siempre logro sacar alguna mini conversación.
-¿Esta lleno hoy no? ¿mucho trabajo? parece que se va a largar a llover. Qué loco esta el tiempo.. y cosas por el estilo.
Pero con este playero no puedo conseguir que me responda nada. Cuando menciono algo, él sigue mirando a la nada y no emite comentario alguno.
Me imagino que debe estar cansado de gente pesada como yo que le genera conversación. Mientras mira al horizonte debe pensar:
-Que ganas de estar en el sillón de casa tomando una cerveza y no escuchando a este salame.

No se, a veces me pongo a pensar que debe estar peleado con su esposa, que lo debe tener cortito, que tiene algún familiar enfermo, que no le alcanza para el alquiler, que tiene un largo viaje a su casa y no duerme bien, o algo por el estilo.

En ese momento pienso que le cuesta la vida y lo único que le sale es poner el interruptor en modo neutro.

El último fin de semana entendí todo.

Llegué y ya estaba lleno de autos, era tarde y estaba mi amigo solo.
Adelante mío tenia un Renault Megane azul, adentro un hombre con su pareja.
El hombre nunca salió del auto. Todo se lo indico sentado cómodamente con el brazo fuera de la ventanilla. Mi amigo tuvo que cargar de nafta el auto, luego tomar la tarjeta de crédito, irse hacia adentro del puesto y traerle el ticket para que lo firme.

Cuando terminó y vino a cargar mi auto, se me acercó y me hablo por primera vez.
-A veces me dan ganas de romperle todo a estos tipos, dijo apretando el puño. Yo asentí con la cabeza y deje que se descargue, es a lo que me dedico. Me contó que pasa muy seguido, que hay gente muy irrespetuosa que no piensa en el trabajo del otro.
Me dijo que vive lejos y que tomó el turno de la noche porque prefiere volver a su casa cuando todos están saliendo. Fue algo corto pero para el estilo de conversación del muchacho, fue el equivalente a lo que habla en toda la semana. Pude sentir la bronca y el enojo, me puse en su lugar y también me dieron ganas de apretar el puño y la mandíbula como él lo hacia.

Empatía es la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Es tratar de entender lo que el otro esta viviendo sin juzgarlo. Es tenerle algo más de paciencia, es aliviarle un poquito la carga escuchando lo que le pasa.

Ya para la próxima vez voy a quedarme como siempre esperando que termine de cargar mi auto, los dos con la mirada perdida,

pero tal vez, quizás,

compartamos alguna sonrisa cómplice.

Lic. Mariano Calabretta
MN 55658